That Which You Can Face, Heals You

Art and therapy in Jeff Baron's When I Was Five at Teatro de Lucía

To review the past takes pain and effort, but sometimes life makes this an obligation, for
both individuals and societies. Memory needs to solidify into milestones on which we can
build our future, but in doing so, we bury moments that do not deserve to be forgotten until
we fully understand them. To forget without examining these moments is harmful for both
individuals and for nations.  Peruvians know this very well.

When I Was Five by Jeff Baron is a simple and entertaining drama that tackles the problem
of recovering personal memory, a task that is essential for growth. Presented at Teatro de
Lucia, a small and cozy new theatre on Bellavista street in Miraflores, it tells the story of the
encounter between a woman therapist and a young man who is struggling with
relationships.  He soon discovers that the source of his problems is his relationship with his
father and the pain of his untimely loss.

Jeff Baron, through a series of therapy sessions, using direct and effective dialogue, shows
us the transformation of  Alberto, the protagonist, who comes to therapy without
understanding his problems.  Alberto reunites with himself in the past, literally.  Using
exquisite detail and visual allegories, Baron - in a text well directed by Malcolm Malca -
makes viewers explore our own past, our stored pictures and forgotten phrases, until we
find the tiny root of the giant tree that is our pain.

The effective performances of Mariano Garcia-Rosell and Rodrigo Palacios, support the
fine work by  Sandra Bernasconi and César Ritter, who depart from the stereotype of
therapist and patient to progress to two characters in a deep relationship full of love and
discovery.  Bernasconi listens tenderly and patiently to everything Ritter tells her, showing
new and expressive resources in each session, showing a healing process that is both
entertaining and rewarding, avoiding the clichés where therapy in plays and movies often
focuses on the dysfunctional or grotesque.

Teatro de Lucía, which is very comfortable and familiar, becomes for more than an hour, a
healing space, in which we can all use our own past to identify with Alberto, and then with
Elena, as we make our way to revelation and health.

At the end of the play, the audience leaves feeling relieved and thankful. Because we
discover our hidden sorrow, that which we have not spoken about, the secret box of
memories in which we need to dig. As we leave, we give thanks, we the mourners, the
longing, the forgiven, the entertained.  And I give thanks, feeling touched and open,
because I also had a loss as a child. When I was five.

- César de María – Revista Velaverde

--------------------
El que mira esto se cura  

Arte y terapia en Cuando Tenía Cinco Años de Jeff Baron en el Teatro de Lucía

Revisar el pasado cuesta dolor y esfuerzo, pero a veces la vida nos lo pone como
obligación, a los individuos y a las sociedades.  La memoria necesita solidificarse en hitos
sobre los cuales podamos construir nuestro futuro, pero al hacerlo sepulta momentos que
no merecerían ser olvidados por lo menos hasta ser comprendidos a cabalidad. Olvidar sin
reflexionar es dañino para la gente y para los pueblos. Los peruanos sabemos eso muy
bien.

Cuando Tenia Cinco Años de Jeff Baron es un drama sencillo y divertido que aborda el
problema de la recuperación de la memoria intima como tarea imprescindible para el
crecimiento. Se presenta en el Teatro de Lucía, una pequeña sala nueva y acogedora en
la calle Bellavista de Miraflores, y cuenta sin aspavientos el encuentro entre una analista y
un joven que no se siente capaz de relacionarse con nadie y que pronto descubrirá que el
origen de sus problemas es la relación con su padre y el dolor por su pérdida prematura.

Jeff Baron, a través de encuentros sucesivos en el mismo espacio terapéutico, nos cuenta
con diálogos directos y efectivos la transformación de Alberto, el protagonista, que llega a
terapia sin entender sus carencias, y que en ella reencuentra su pasado para dialogar,
literalmente, con él. Usando detalles primorosos y alegorías visuales, Baron - en un texto
bien dirigido por Malcolm Malca - hace que los espectadores exploremos en nuestro propio
pasado, en nuestras imágenes guardadas y en las frases olvidadas hasta dar con la
pequeña raíz de ese gran árbol que es nuestro dolor.

Las actuaciones de Mariano García-Rosell y Rodrigo Palacios, suficientes y efectivas,
apoyan el buen trabajo que hacen Sandra Bernasconi y César Ritter, quienes parten del
estereotipo de terapeuta y paciente para progresar hasta convertirse en dos personajes en
una profunda relación de amor y descubrimiento. Bernasconi escucha con ternura sin fin lo
que Ritter cuenta, y este a su vez exhibe recursos expresivos nuevos en cada escena para
evidenciar un proceso de curación divertido y reconfortante, distinto del cliché de obras-
con-terapia que suelen hurgar en lo disfuncional o lo grotesco.

El Teatro de Lucía, comodísimo y familar se convierte por poco más de una hora en un
espacio curativo en el que todos contamos nuestro pasado al identificarnos con Alberto y
luego, como Elena, marcamos nuestro camino hacia la revelación y la salud.

Al terminar la obra los espectadores salimos aliviados y dando gracias. Porque
descubrimos ese pesar oculto del que no habíamos hablado suficiente o recordamos esa
cajita de recuerdos del alma en la que nos falta hurgar. Damos las gracias al salir los
dolientes, los anhelantes, los perdonados, los entretenidos. Y doy las gracias yo, que me
sentí tocado y abierto, porque también perdí esa compañía cuando era chico. Cuando
tenía cinco años.

- César de María – Revista Velaverde